sábado, 16 de febrero de 2013

Domingo I, II, III y IV Tiempo de Cuaresma. Ciclo "C" 2013

Domingo IV. Tiempo de Cuaresma. Ciclo "C"
Domingo 10 de Marzo de 2013
Lecturas
Josué 5, 9. 10-12
Salmo 33
Corintios 5, 17-21
Lucas 15, 1-3. 11-32

La Gloria del Dios es que el hombre  tenga vida.

Deja el pecado, porque Él no te va a dejar. El evangelio de este domingo es quizá la más bella pintura del proceso de la conversión: el hijo más pequeño de este padre amoroso finalmente dejó el pecado y volvió a casa. Cuanto más meditamos en cada detalle y aspecto de esta parábola, más vemos que la propia vida queda retratada ante nuestros ojos.
Uno que acoge a los pecadores. Todo empezó con las críticas de los fariseos: "Este anda con pecadores..." Ellos hablaban así como un modo agrio de descalificar a Jesús y a su ministerio. Podríamos traducir su murmuración con estas palabras: "¿Cómo podría este hombre ser un verdadero profeta, y no hablemos del Mesías? ¡Mira nada más con quiénes le gusta andar!". La parábola del hijo pródigo y del padre compasivo es una gran respuesta a estas críticas, como si Cristo les estuviera diciendo: "¿Y es que Dios podría ser de otro modo? ¿Esperarías menos de Dios?"
Descubriendo nuestros límites y la verdad de lo que somos. El hijo menor pidió  su herencia, con lo cual estaba tratando a su papá como si hubiera muerto ¿no sucede lo mismo en la historia de pecado de cada uno de nosotros? Impaciente, como suele suceder en la juventud, este hombre no quería perder un solo día de entretenimiento y disfrute. Es un retrato detestable pero realista del pecado: cada vez que pecamos, en efecto, estamos escogiendo a las creaturas y rechazando a su Creador: No elegimos al Padre sino los placeres. Este joven poco a poco fue llevado a reconocer sus límites, a pagar por ello y aquí encontramos la primera conversión y la más fundamental de todas: no somos Dios, y si jugamos a ser Dios terminamos destruyéndonos a nosotros mismos y seguramente destruyendo también a la gente alrededor. Una vez que descubrimos nuestros límites podemos tomar uno de dos caminos: rebelión, ira y desesperación, por un lado; humildad, contrición y conversión por el otro. Felizmente, el muchacho de la parábola tomó este segundo camino, el de la vuelta a casa, y encontró los brazos abiertos de su padre amoroso -una imagen llena de ternura que describe bien cómo Dios misericordioso está aguardando por cada uno de nosotros.

Con aprecio: P. Juan Nuño, Vicario.




Domingo III. Tiempo de Cuaresma. Ciclo "C"
Domingo 3 de Marzo de 2013
Lecturas
Éxodo 3, 1-8. 13-15
Salmo 102
Corintios 10, 1-6. 10-12
Lucas 13, 1-9

En Dios Entendemos Nuestra Libertad.

"He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias. Voy a bajar para librarlo del poder de los egipcios. Lo sacaré de este país y lo llevaré a una tierra nueva y espaciosa." Dirijamos nuestra atención a este pasaje, y en especial a los verbos que contiene. El Señor está presente, aunque hubiera parecido escondido o lejano. Él ha visto; ha oído; Él conoce. Cada vez que sentimos que resbalamos hacia la depresión o la angustia tenemos el derecho de creer y de afirmar: "Él lo ha visto todo; Él todo lo ha escuchado; Él ya lo sabe". También Dios dice: "Voy a bajar para librarlo del poder de los egipcios." Usando el lenguaje de la Biblia, diremos que Dios "baja" porque desde la altura ha visto y ha oído. Ese esquema visual "arriba - abajo" es un modo de traducir a lo gráfico la potestad divina, que no está bajo ninguna otra autoridad o poder. Su "descenso" entonces no es un modo de comprobar los hechos sino más bien una manera de describir su acción imparable, fruto y consecuencia de su absoluta majestad. Dios dice empero: "Lo sacaré de este país y lo llevaré a una tierra nueva y espaciosa." El objetivo de la intervención divina es no es solamente arrancarnos del poder de los enemigos sino llevarnos a vivir bajo su poder; con otras palabras: nuestra liberación no es para que hagamos lo que nos apetezca. Ello conduciría a una nueva esclavitud. El verdadero sentido de nuestra libertad es, según la Biblia, seguir las sendas que Dios nos muestra y vivir en amistad y gozo en su presencia. Alegría, libertad y obediencia no riñen en este mensaje sino que son en el fondo una y misma cosa. Por su parte, el evangelio reitera que Dios es "rico en misericordia": no cierra el corazón a ninguno de sus hijos. Él los espera, los busca, los encuentra donde el rechazo de la comunión los hace prisioneros del aislamiento y de la división, los llama a reunirse en torno a su mesa en la alegría de la fiesta del perdón y de la reconciliación. Esta iniciativa de Dios se concreta y manifiesta en el actoredentor de Cristo que se irradia en el mundo mediante el ministerio de la Iglesia. 

Con aprecio: P. Juan Nuño, Vicario.


Domingo II. Tiempo de Cuaresma. Ciclo "C"
Domingo 24 de Febrero de 2013
Lecturas
Génesis 15, 5-12. 17-18
Salmo 26
Filipenses 3, 17-4, 1
Lucas 9, 28-36

Jesús comparte su más íntimo secreto: Él es el Hijo de Dios.

La comunidad de los apóstoles es modelo de seguimiento en comunidad a Jesús porque en ella vemos que saben asimilar las enseñanzas de Jesús y ponerlas en práctica. En el relato de la transfiguración se nos plantea la pregunta: ¿qué es lo más importante, contemplar la gloria de Dios o darla a conocer con el apostolado? El Señor nos enseña que todo don y todo carisma son para la edificación de la comunidad, para que se conozca cuál es el poder de Dios y la inmensidad de su misericordia. Cuando queremos los dones solo para sí (qué a gusto estamos aquí, hagamos tres chozas) se corrompen y dañan la unidad. La nube significa la gloria de Dios que sobrepasa a las expectativas humanas y que nos pone en contacto con aquello para lo que fue creado el ser humano: para Dios, de ahí que contemple la verdad, la belleza, el bien, y rechace la mentira, el mal, la hipocresía… en esto consiste el presentar a un Cristo que sea atractivo para los que no creen. El conversar con Moisés y Elías, la Ley y los profetas, no solo significa la acreditación de Jesús como el Mesías, el enviado de Dios, sino que nos presente una continuidad ininterrumpida de las promesas hechas desde la creación del mundo hasta nosotros: Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre, y con ello nos llama a sobrepasar nuestras mismas fuerzas en la entrega a Dios, a nuestra vocación de darlo a conocer con nuestra vida. En Cristo todo es posible, es el mensaje que comprendieron los apóstoles.
Con aprecio: P. Juan Nuño, Vicario.

Domingo I. Tiempo de Cuaresma. Ciclo "C"
17 de Febrero de 2013
Lecturas
Deuteronomio 26, 4-10
Salmo 90
Romanos 10, 8-13
Lucas 4, 1-13


El llamado de Dios: afrontar nuestra realidad de pecado.

Las tentaciones en el desierto nos hace un llamado: reconocernos débiles para que así resida en nosotros el poder de Dios, porque "cuando soy débil, es cuando soy fuerte", dice el apóstol San Pablo. El que se nos presente en este relato que Jesús fue tentado nos lleva a reconocer nuestra realidad de pecado y a afrontarla con la fortaleza de Dios: Jesús fue guiado por el Espíritu Santo al desierto. Jesús no necesitaba ser tentado, pero sí quiso darnos a conocer cómo es nuestra condición rebelde ante la ley de Dios y a su voluntad, por ello nos presenta tres tentaciones:
a) convierte las piedras en pan: allí nos manifiesta a un Dios misericordioso que "invierte" todo su poder para salvarnos y con-vencernos que necesitamos salir del pe-cado, porque su poder no lo utiliza para provecho propio. Dios se hace un mendigo por nosotros, y es lo que ve el pueblo de Israel al confesar su credo: mi padre fue un arameo errante, esto se traduce a nuestra vida; así: "en Dios he encontrado la guía para mi camino", un hecho concreto que recuerda la intervención divina en el hombre.
b) "Dile a las piedras que se conviertan en pan": convertir las piedras en pan significa que se ha de romper con Dios si mi situación no me agrada o no me favorece, cuando las cosas no salen como las he pensado.
c) Arrojarse del pináculo del templo: significa que el poder de Dios es para nuestra salvación y no lo hemos deformar en espectáculo ni caricaturizar la seriedad del amor de Dios hacia nosotros.  
Con aprecio: P. Juan Nuño, Vicario.

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