jueves, 31 de enero de 2013

Domingo IV Y V. Tiempo Ordinario. Ciclo "C" 2013

Domingo V. Tiempo Ordinario. Ciclo "C"
10 de Febrero de 2013
Lecturas:
Isaías 6, 1-2. 3-8
Salmo 137
1a. Pablo a los Corintios 13, 1-11
Lucas 5, 1-11

¿PORQUÉ DIOS SE HACE NECESITAR DE NOSOTROS?


Enviar significa ser puestos por Dios en el     camino. Tres cosas conviene que tomemos consciencia: a) quién envía, b) a quiénes envía, y c) qué caminos los envía. a) los enviados. El profeta Isaías, que se reconoce como "hombre de labios impuros"; en el evangelio los llamados son unos pescadores. Este profeta se ve      obligado a reconocer su situación de pecado ante la luz deslumbrante de Dios que lo llama. Si lo pensamos bien, también el pecado es una clase de insuficiencia.  Pecamos porque no soportamos el peso del camino.
Queremos encontrar un atajo hacia la felicidad o  asegurar que sí valemos, que nuestras cosas importan, que nuestras fuerzas y deseos pueden imponerse.
 Pero obligadamente nos preguntamos: ¿por qué quiere Dios que colaboramos con Él? La pregunta se hace más aguda si uno piensa en las historias vocacionales, a veces de final triste.
Pidámosle a Dios que nos dé palabras ungidas por su Espíritu para que construyamos una sociedad en la justicia y la paz.
b) Dios, que envía: He aquí a Dios que pregunta: "¿A quién enviaré?". Dios se queda como sin ayuda. ¿Y no podría Dios resolverlo todo, sanarlo todo, completarlo todo por sí mismo? Sí podría pero a precio de negar uno de los rasgos que            él mismo quiso imprimir en su creatura racional, a saber, su dimensión social. Si Dios, sin intervención de ninguna otra causa, atendiera Él mismo a todas las necesidades y dolencias de cada ser humano, habría una dolencia y carencia que se quedaría sin  atender, a saber, la carencia de amor y servicio entre nosotros.
c) El Camino al que somos Enviados: Isaías grita: "¡Envíame a mí!" Sus labios han sido purificados por un ascua del
 santuario y por el ministerio de un Ángel, y siente en su     corazón urgencia de servir. Algo parecido sucede en el      evangelio de hoy: aquellos pescadores lo dejaron "todo," y lo siguieron. Parece ser ésta una ley del llamado que Dios hace. También Abraham, , es llamado por Dios, y es puesto en   camino, aunque de ese camino lo único que sabe es que Dios se lo mostrará. Y en realidad eso es lo único que importa del camino: que Dios lo conoce bien. No interesa tanto saber por dónde voy sino con quién voy.

 Con aprecio.
Pbro. Juan Nuño

Arquidiócesis de Guadalajara
Parroquia Santa Rosa de Lima
Una comunidad católica evangelizada y evangelizadora




Domingo IV. Tiempo Ordinario. Ciclo "C"
3 de Febrero de 2013
Lecturas:
Jeremías 1, 4-5. 17-19
Salmo 70
1a. Pablo a los Corintios 12, 31-13,13
Lucas 4, 21-30

APROBAR Y REPROBAR LA PALABRA DE DIOS


             En el Evangelio se nos presenta que Jesús pronuncia las palabras de Isaías que habían de ser pronunciadas por el Mesías: “el Espíritu de Dios está sobre mí, porque me ha ungido”, para indicarnos que el año de gracia del Señor ha llegado, y lo aprueban todos los asistentes a la sinagoga, pero por otra parte se presenta la reprobación de Jesús cuando dice que el pueblo  de Israel, ni la raza judía son los únicos a los que Dios ama y que hace prodigios ante las naciones. Y esto se ve reflejado ante la predicación de la Iglesia en el mundo, que pretende ser como Cristo, la luz de los pueblos, Lumen Gentium. Por una parte se nos presenta la pregunta en el caso del hambre, de la guerra, de la desintegración familiar, de inmoralidades públicas ¿dónde está la Iglesia? ¿Dónde está el hombre de Dios? Tal como le pidió a un cura un masón que veía que sus vecinos vivían pleito tras pleito “venga a hablarles del amor de Dios”. Pero, por otra parte se presenta el anverso: el magisterio de la Iglesia, sus enseñanzas;  presenta, expone, defiende, cuida y enseña la verdad enseñada por Cristo y es el único que puede interpretar fiel y sin error esta verdad enseñada por Cristo. Y cuántas veces que el Magisterio de la Iglesia se pronuncia a favor de la vida, de la familia, de la paz, etc., apoyamos aquellas opiniones que surgen desde un laicismo (el mundo sin Dios es mejor) diciendo “la Iglesia no debe       meterse en política” y no las enseñanzas que se     nutren de la Palabra de Dios y de la vida de fe de la Iglesia.
Pidámosle a Dios que nos dé palabras ungidas por su Espíritu para que construyamos una sociedad en la justicia y la paz.
 Con aprecio.
Pbro. Juan Nuño

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