Cristo Rey del Universo: realeza de Cristo sobre el Universo. - "Tú lo dices: Soy Rey"
(Jn. 18, 33.37)
34o Domingo - Ciclo "B"
La escena transcurre en el interior del pretorio, donde Pilato interroga a Jesús. Jesús no quiere ya ocultar su verdadera cualidad: "Tú lo dices: Soy Rey". En cuanto autoridad espiritual Jesús es rey, y esta autoridad pertenece a Dios. Su realza no viene de este mundo; le ha sido confiada por el Padre. Cristo era rey, y ha dicho verdad, realeza que escapa a toda consideración terrena. Porque la realeza de Cristo consiste en dar testimonio de la verdad=Realidad eterna. En la Primera Lectura Daniel 7, 13-14, nos presenta al Señor en su función de juez de los últimos tiempos. El Señor reina, vestido de majestad; el Señor, vestido y ceñido de poder (Salmo 92). En la Segunda Lectura de Apocalipsis 1, 5 8, se nos presenta a Cristo como Rey, nosotros somos en su reino los sacerdotes de Dios, su Padre. Entonces todo cristiano y la iglesia entera, como pertenecientes a un Reino privilegiado, no tienen que gozar de privilegios pasajeros, porque no tienen otra función que la de dar testimonio de la verdad.
La realeza de Cristo obliga a toda actitud política de este mundo a ser consciente del fin último al que debe servir toda política. Al celebrar a Cristo, Rey del universo, la Iglesia no lo hace reivindicando una supremacía humana y terrena, sino animando a los que tienen por encargo conducir en concreto al mundo en su existir terrestre, a que confronten su política con el Rey único, eterno, y cuyo Reino es definitivo para siempre. Jesús, sin embargo, habla de un reino que no es de este mundo, es decir, no tiene en el mundo de los hombres su proveniencia, sino en solo Dios. Cerramos el año litúrgico recordando que la paz, la armonía y las gracias solo se dan cuando dejamos que Cristo Reine en nuestra vida.
Servidor en Cristo
Sr. Cura Rafael Ramírez Lamas
"Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse"
18 de Noviembre de 2012
Primera Lectura: Daniel 12, 1-3
Segunda Lectora: Hebreos 10, 11-14. 18
Salmo 15, 5 y 8.9-10.21
Evangelio: Marcos 13, 24-32
Cada cierto tiempo suelen surgir voces fundamentalistas pregonando catástrofes de lo más fantasiosas como señal de la proximidad del fin del mundo. Voces que activan con atractivo implacable el morbo todavía presente en amplios sectores de la sociedad.
La Biblia no alecciona sobre el movimiento de los astros ni ayuda a leer el horóscopio del destino humano. Ahora bien, el lenguaje bíblico, como en el evangelio de hoy, se reviste de metáforas, de símbolos y de signos para introducirnos en el santuario íntimo de nuestras relaciones personales con el Dios de la alianza.
Mientras el hombre sea hombre seguirá preguntándose sobre su futuro. Pero ¿por qué ha de hacerlo bajo el temor y el miedo a signos catastróficos? No es ése ciertamente el horizonte motivador y esperanzado de Jesús, el horizonte del Dios de la vida. El evangelio nos remite a una lectura confiada de ese combate, personificado en las fuerzas del bien y del mal, que tiene lugar en el seno de todo discípulo de Jesús. Combate en el que el Hijo del hombre ya ha triunfado y que desciende ahora de entre las nubes para tomar posesión de su Reino.
Sin duda una llamada a la esperanza para tiempos difíciles, sembrados de pruebas a superar, pero confiados siempre en el Dios de la promesa: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Una esperanza para el aquí y ahora en el año de la fe y la misión continental, motivación para vivir el fin del año litúrgico con una fe viva.
Servidor en Cristo
Sr. Cura Rafael Ramírez Lamas
"Tu Padre que ve en lo escondido, te lo pagará"
11 de Noviembre de 2012
32o Domingo Ordinario
Primera Lectura: Primer libro de los Reyes 17, 10-16. "La viuda hizo un panecillo y se lo dio a Elías";
Salmo: 145, 7.8-9a.9bc-10. "Alaba, alma mía, al Señor";
Segunda Lectura: Hebreos 9, 24-28. "Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos";
Evangelio: Marcos 12, 38-44. "Esa pobre viuda ha echado más que nadie".
Un día Jesús, después de una jornada fatigosa, después de atender a los enfermos, de bendecir a los niños y de batallar con sus enemigos, se sentó a descansar en un rincón del templo de Jerusalén.
Fue llevado ahí por la multitud que ese día, cuando muchos hombres y mujeres, que llegaban al templo venidos de todos los rincones de Israel, para llevar sus ofrendas, obligatorias unas y voluntarias otras, para el culto que en ese templo era fastuoso. Ahí se sentó Jesús, precisamente frente a la alcancía principal del templo, y cansado y distraído, no podía apartar su mirada de lo que pasaba a su alrededor.
Veía cómo llegaban ostentosamente los ricos, vestidos como para la mejor ocasión, a depositar su ofrenda económica a veces en especie, en joyas o en piedras preciosas.
Cristo contempló algo que lo dejó maravillado y así se los hizo notar a sus apóstoles. Entre todos los peregrinos, llegó una mujer de edad, una viejita, delgada y macilenta, puros huesitos, que con su mano flaca, tímidamente dejó caer unas dos moneditas que era todo lo que tenía para vivir. A ella no le importaba lo que hicieran con los dineros del templo ni le preocupaba que fuera para enriquecer a los sumos sacerdotes, ella confiaba plenamente en su Dios, del que estaba segura, tendría que ver por su futuro. Cristo mismo hizo el comentario: "esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir". No creo que haga falta más comentario, porque cada quien tendrá en este momento que pensar en cómo retribuirle a Dios lo que con tanta bondad nos da a cada uno, para que con el mismo amor con que nos trata, tratemos nosotros de mirar por el bien de nuestros prójimos. Y darles no las sobras, eso sería una ofensa, sino darle de lo que a ti te duele y te ha costado tu trabajo, tu esfuerzo y tu cansancio. A Dios y al prójimo no se le dan las sobras, sino lo nuestro, demos de nuestro tiempo para escucharlo en su palabra, para hacer oración y para hacer la caridad.
Un día Jesús, después de una jornada fatigosa, después de atender a los enfermos, de bendecir a los niños y de batallar con sus enemigos, se sentó a descansar en un rincón del templo de Jerusalén.
Fue llevado ahí por la multitud que ese día, cuando muchos hombres y mujeres, que llegaban al templo venidos de todos los rincones de Israel, para llevar sus ofrendas, obligatorias unas y voluntarias otras, para el culto que en ese templo era fastuoso. Ahí se sentó Jesús, precisamente frente a la alcancía principal del templo, y cansado y distraído, no podía apartar su mirada de lo que pasaba a su alrededor.
Veía cómo llegaban ostentosamente los ricos, vestidos como para la mejor ocasión, a depositar su ofrenda económica a veces en especie, en joyas o en piedras preciosas.
Cristo contempló algo que lo dejó maravillado y así se los hizo notar a sus apóstoles. Entre todos los peregrinos, llegó una mujer de edad, una viejita, delgada y macilenta, puros huesitos, que con su mano flaca, tímidamente dejó caer unas dos moneditas que era todo lo que tenía para vivir. A ella no le importaba lo que hicieran con los dineros del templo ni le preocupaba que fuera para enriquecer a los sumos sacerdotes, ella confiaba plenamente en su Dios, del que estaba segura, tendría que ver por su futuro. Cristo mismo hizo el comentario: "esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir". No creo que haga falta más comentario, porque cada quien tendrá en este momento que pensar en cómo retribuirle a Dios lo que con tanta bondad nos da a cada uno, para que con el mismo amor con que nos trata, tratemos nosotros de mirar por el bien de nuestros prójimos. Y darles no las sobras, eso sería una ofensa, sino darle de lo que a ti te duele y te ha costado tu trabajo, tu esfuerzo y tu cansancio. A Dios y al prójimo no se le dan las sobras, sino lo nuestro, demos de nuestro tiempo para escucharlo en su palabra, para hacer oración y para hacer la caridad.
Servidor en Cristo
Sr. Cura Rafael Ramírez Lamas
"Escucha, Israel: Amarás al Señor, con todo el corazón"
4 de Noviembre de 2012
31o Domingo Ordinario
Salmo: 17, 2-3a.3bc-4.47 y 51ab. "Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.
Segunda Lectura: Hb. 7, 23-28. "Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa"
Evangelio: Marcos 12, 28-34. "No estás lejos del Reino de Dios".
No le importa al autor sagrado repetir cuantas veces sean necesarias la idea de que Israel tiene que ser fiel a Yahvé, porque le ha llevado a la tierra prometida. Por eso el "amarás al Señor tu Dios con todo el corazón", lo llevaban tan profundamente clavado en el alma y en los labios que todo israelita recita a diario la "semá" (escucha). Pero, lejos del temor ante Dios, el amor ha de mover a su pueblo para cumplir con lo mandado.
Jesús, repitiendo la "semá", conserva intacto aquel precepto. Se incluía también al prójimo, sin excluir a los extranjeros. Lo original de Jesús es unir ambos mandatos en un solo principio moral, una expresión, "no está lejos del Reino de Dios", señala que aún le faltaba algo a aquel escriba. Cuando la sociedad toma conciencia de que ayudan a ser libres, no solamente las cumple, sino que las agradece. La Ley nueva, la ley del amor y de la auténtica libertad: El que cumple la voluntad de Dios por amor ha alcanzado la "libertad gloriosa de los hijos de Dios". En este año de la fe, acerquémonos a la palabra de Dios para descubrir esta auténtica libertad.
Servidor en Cristo
Sr. Cura Rafael Ramírez Lamas
"Demostró una gran fe y vio"
28 de Octubre de 2012
30o Domingo Ordinario
Salmo: 125
Segunda Lectura: Hebreos 5, 1-6
Evangelio: Marcos 10, 46-52
Para mejor entender el texto, debemos darnos cuenta que una buena parte de enfermos en tiempos de Cristo eran considerados como enfermos incurables y no había quien se ocupara de ellos y los enfermos contagiosos eran expulsados de las comunidades para siempre; se veían obligados a transformarse en mendigos. Así encontramos hoy a Bartimeo, mendicante en la puerta de la ciudad de Jericó. En la puerta, porque era paso obligado, y se podían pedir más limosnas, y además estar enterado de todo.
El diálogo fue breve y sencillo: Bartimeo llamó respetuosamente a Cristo "Rabbuni", y le pidió su deseo; y Cristo se lo concedió inmediatamente. Bartimeo ha demostrado una gran fe: creyó con todas sus fuerzas en Cristo. El Señor, al poner en él el don de la fe, lo había curado de una ceguera mucho más terrible: la espiritual. Por eso le dice: "¡Vete, tu fe te ha salvado!". Despreocupado de su capa y de las limosnas recibidas, comenzó a seguir a Jesús... es decir, comienza a ser discípulo, este hombre que hasta hace un momento era un pobre pordiosero olvidado de todos.
Sin duda, este ciego es como un símbolo: es el hombre que por su fe pasa de un estado al otro: de la oscuridad, ha pasado a la luz de la fe, apoyado en la Roca firme, Cristo.
Cada uno de nosotros puede ser un Bartimeo. Nos cuesta ver o quizás no veamos nada. Nos pasan cosas que no comprendemos, tropezamos, caemos y a veces nos puede parecer que estamos en un pozo oscuro, sin salida porque no vemos nada. Intentamos algo, pero chocamos contra todo, tropezamos y caemos, no acertamos, y todos los demás nos dicen "¡Cállate!" (Ev.), "no busques, no llames, no tiene sentido..." "Confórmate con estas monedas"... (Ev.); consumo, placer, libertinaje, desenfreno, etc... Jesús pasa y te habla en su palabra, abre la Biblia, escúchalo, Jesús está en el Sagrario, ve a visitarlo para que te devuelva la luz que ocupa tu corazón para tener paz.
Servidor en Cristo
Sr. Cura Rafael Ramírez Lamas
Opción preferencial fundamental por Cristo
14 de Octubre de 2012
28o Domingo Ordinario
Primera Lectura: Sabiduría 7, 7.11
Salmo 89
Segunda Lectura: Hebreos 4, 12-13.
Evangelio: Marcos 10, 17-30
El tema central de las lecturas de este domingo es la opción. La grandeza y al mismo tiempo toda la responsabilidad de ser humanos depende de esa palabra: opción; optar. Por otra parte, es obvio que no todas las opciones tienen idéntico peso. Optar por salir al parque o ir a ver el partido de fútbol es algo relativamente trivial. La opción fundamental de algún modo es la escogencia radical que hacemos para darle una forma específica a nuestra vida. Así, por ejemplo, en la primera lectura de hoy encontramos a alguien, que según el relato es Salomón, que ha hecho una opción radical por algo maravilloso que es la sabiduría. No un asunto de amontonar conocimientos o teorías, sino un modo de vida; una opción fundamental, que en este caso ha traído una inmensa felicidad a Salomón. Ahora bien, Cristo se presenta en el evangelio como la gran opción, como la opción fundamental, y ciertamente no acepta ser menos que eso. Hay una especie de intransigencia de Cristo que nos confronta con lo más radical de nuestro ser y nos empuja a decidirnos por él o sin él. Esta "intransigencia" del Señor no es capricho. En él, en Cristo, Dios se está dando a sí mismo. Como dirían siglos después Santa Catalina de Siena o San Juan de la Cruz: "más no nos podía dar". Por eso el rechazo a Cristo es una opción que configura todo en la vida de una persona; y por eso también la acogida de la persona y el mensaje de Jesús toca todo en la vida del creyente.
Su servidor
Pbro. Juan Manuel Nuño Camacho
"El Plan de Dios"
7 de Octubre de 2012
Primera Lectura: Génesis 2, 18-24
Salmo 127
Segunda Lectura: Hebreos 2, 8-11
Evangelio: Marcos 10, 2-16
El relato bíblico nos deja ver que en el encuentro entre el hombre y la mujer no se da en una especie de "terreno intermedio", como si cada uno saliera de "lo suyo" al encuentro del otro. Es el varón quien se pone en movimiento. Lo dice la Biblia y lo confirma la experiencia. En esos lugares y ambientes en que la mujer se siente más amada y donde el hombre se siente más feliz de ser hombre, siempre el movimiento se da en la dirección de la búsqueda de él hacia ella, y en eso encuentran ambos felicidad: él por la casa de amor que halla; ella por sentirse valorada y preciosa ante él. En el encuentro de esas dos miradas cada uno se descubre como un "incompleto completable". A él le falta sentir el prístino murmullo de la vida, que se esconde en las entrañas blandas de ella; a ella le falta descubrirse a sí misma como posibilidad de vida en su sentido pleno... que comprende gozarse de la contagiosa alegría de Adán. El gozo de él es el encontrarla; el gozo de ella es haber sido encontrada. Es lo que sucede con la Iglesia; Cristo es quien ha dado la vida por ella, le da alimento y calor, y nunca la Iglesia es más Iglesia que cuando se parece más a Cristo, cuando vive su Palabra y le es dócil y obediente. Dios ha querido de la Iglesia como aquel medio de salvación necesario que brota del costado abierto de Cristo, que entrega su vida.
Su servidor
Pbro. Juan Manuel Nuño Camacho
"El que no está contra nosotros, está a nuestro favor"
30 de Septiembre de 2012
Primera Lectura: Núm. 11, 25-29
Salmo 18
Segunda Lectura: Santiago 5, 1-6
Evangelio: Marcos 9, 38-43, 45, 47-48
El que no está con nosotros, está a favor nuestro. A pesar de los esfuerzos de Jesús por enseñarles a vivir como él, al servicio del reino de Dios, haciendo la vida de las personas más humana, más digna y dichosa, los discípulos no terminan de entender el Espíritu que lo anima, su amor grande a los más necesitados y la orientación profunda de su vida.
El relato de Marcos es muy iluminador. Los discípulos informan a Jesús de un hecho que han visto a un desconocido "expulsando demonios". No piensan en la alegría de los que son curados por aquel hombre. No les preocupa la salud de la gente, sino su prestigio de grupo. Pretenden monopolizar la acción salvadora de Jesús; Jesús reprueba la actitud de sus discípulos y se coloca en una lógica radicalmente diferente. Él ve las cosas de otra manera. Lo primero y más importante no es el crecimiento de aquel pequeño grupo, sino que la salvación de Dios llegue a todo ser humano.
Éste es el Espíritu que ha de animar siempre a sus verdaderos seguidores.
Estamos en Misión Continental y a punto de iniciar el Año de la Fe. Ésta debería de ser nuestra actitud, todos estar con Jesús y cada uno trabajar desde nuestra trinchera, ojalá todos nos unamos a trabajar por la salvación de todos.
Con aprecioSr. Cura Rafael Ramírez Lamas.
"Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos"
23 de Septiembre de 2012
Primera Lectura: Sab. 2, 12.17-20
Salmo 53, 2
Segunda Lectura: Santiago 3, 16-4,3
Evangelio: Marcos 9, 30-37
Servidor en Cristo
Sr. Cura Rafael Ramírez Lamas.
24o Domingo Ordinario
Primera Lectura: Isaías 50, 5-9
Salmo 114
Segunda Lectura: Santiago 2, 14-18
Evangelio: Marcos 8, 27-35
Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos. El grupo de Jesús atraviesa Galilea camino de Jerusalén. Lo hacen de manera reservada, sin que nadie se entere. Jesús quiere dedicarse enteramente a instruir a sus discípulos. Es muy importante lo que quiere grabar en sus corazones: su camino no es un camino de gloria, éxito y poder. Es lo contrario: conduce a la crucifixión y al rechazo, aunque terminará en resurrección. A los discípulos no les entra en la cabeza lo que les dice Jesús. Les da miedo hasta preguntarle. No quieren pensar en la crucifixión. No entra en sus planes ni expectativas. Mientras Jesús les habla de entrega y de cruz, ellos hablan de sus ambiciones: ¿Quién será el más importante en el grupo? ¿Quién ocupará el puesto más elevado? Quiere enseñarles algo que nunca han de olvidar. Llama a los Doce, los que están más estrechamente asociados a su misión y los invita a que se acerquen, pues los ve con otros intereses. Para seguir sus pasos y parecerse a él han de aprender dos actitudes fundamentales.
Primera actitud: "Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y servidor de todos". El discípulo de Jesús ha de renunciar a ambiciones, rangos, honores y vanidades.
La segunda actitud es la sencillez, la humildad del niño que confía en su padre y no pretende grandezas y estar dispuestos a acoger a los humildes y sencillos.
Para poder vivir nuestra Misión Continental y el Año de la Fe son indispensables estas dos actitudes.
Con aprecioServidor en Cristo
Sr. Cura Rafael Ramírez Lamas.
"Tú, quien dices que soy YO"
16 de Septiembre de 201224o Domingo Ordinario
Primera Lectura: Isaías 50, 5-9
Salmo 114
Segunda Lectura: Santiago 2, 14-18
Evangelio: Marcos 8, 27-35
La primera lectura insiste en la incomprensión. Se podría poner de manifiesto la fidelidad de Dios, que nunca se echa atrás y siempre está en la puerta y llama.
El Salmo expresa la actitud del creyente, que tiene siempre los ojos puestos en el Señor. Pero, ¡cuidado!, la lección de hoy es que sus caminos son desconcertantes e inesperados. La fuerza se realiza en la debilidad, escribe San Pablo.
El apóstol ha aprendido bien la lección: también el poder de Dios ha resplandecido en la debilidad de la cruz de Jesús.
En el evangelio encontramos como el comportamiento de la gente de Nazaret ante Jesús hay como una parábola del comportamiento del pueblo de Israel, "hijos testarudos y obstinados" (Primera lectura) a lo largo de su historia y que no reconocieron en Jesús al profeta del Reino ni reconocieron a Yahvé en su anuncio del Padre misericordioso. En Nazaret conocían demasiado a Jesús, es decir, creían conocerlo. ¿Qué podían esperar, pues de él? También los círculos dirigentes de Israel creían conocer a Dios hasta el más mínimo detalle. También nosotros Cristianos, podemos creer que conocemos bien a Jesús. Y a la hora de la hora no sabemos dar razón de nuestra fe o no hacemos oración, o no vivimos en gracia, etc., cuidado, podemos estar engañados como aquellos contemporáneos de Jesús que lo tenían y no lo conocían y por eso dieron respuestas falsas.
Con aprecio
Servidor en Cristo
Sr. Cura Rafael Ramírez Lamas
"Maravillas de la Visita de Dios"
9 de Septiembre de 2012
23o Domingo Ordinario
Primera Lectura: Isaías 35, 4-7
Salmo 145
Segunda Lectura: Santiago 2, 1-5
Evangelio: San Marcos 7, 31-37
La primera lectura y el Evangelio de este Domingo nos invitan al asombro frente a las maravillas de Dios: "¡Qué bien lo hace todo!", se lee en relato evangélico. Hay, sin embargo dos contrastes entre las maravillas descritas en el texto del capítulo 35 de Isaías, y aquellas que nos cuenta el Capítulo 7 de San Marcos. Notemos, por ejemplo, cómo en la promesa de Isaías el ánimo del pueblo redimido queda unido a su gozo viendo la revancha, el desquite de Dios. Dios triunfa y su triunfo es victoria sobre los pueblos enemigos del pueblo elegido. En el evangelio, en cambio, estos elementos de venganza o represalia a los demás han quedado silenciados. La gran derrotada aquí es la enfermedad, y es el mal mismo el que recibe daño, no otros pueblos. En el evangelio queda claro que no se trata de pasar el mal a otros sino de superarlo. En segundo lugar, observemos la pasmosa cercanía de Dios en la sanación que se nos describe en el evangelio. Cristo hace este milagro no solo liberando de su mal al enfermo, sino prácticamente acariciando su dolencia, diríamos untándose de su malestar: usa su saliva para tocar la lengua, mete sus propios dedos en los oídos. Sabemos que el Señor hubiera podido hacer su milagro de muchas otras formas y comprendemos que en esto no se trata de hacer espectáculo ni mucho menos de una especie de "ritual" de curación. El objeto de esa "caricia" a la parte afectada no puede ser otro que dejar en ese hombre, y en todos nosotros, la absoluta certeza de su cercanía incondicional y de su amor sin asco. Dios está con el pecador y lo sana para que viva.
Con aprecio
Servidor en Cristo
Pbro. Juan Manuel Nuño Camacho
"La pureza de Cristo y la pureza humana"
2 de Septiembre de 2012
22o Domingo Ordinario
Primera Lectura: Deuteronomio 4, 1-2. 6-8
Salmo 14
Segunda Lectura: Santiago 1, 17-18. 21-22. 27
Evangelio: San Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23
En el relato del evangelio que en el que Jesús proclama hoy se opone a una visión simple e irresponsable que quiere encontrar las causas de la impureza pecado afuera del hombre, causando un grave engaño implícito: "por fuera me ensucian pero por dentro soy limpio". Lo grave, en efecto, de la postura de los fariseos es eso: mientras miran lo sucio como algo "exterior", se están declarando interiormente limpios. Y el que se cree limpio no se limpia.
Eso explica la actitud fuerte, casi punzante, de Jesucristo. Él ha venido precisamente a traer salud, pureza, verdad. Aquel que ya se considera sano, puro y verdadero no tiene qué recibir de Jesús. Esto significa que lo que nos puede parecer simple disgusto o ira de Cristo en realidad es fruto de un amor que no quiere que nos engañemos ni quiere que perdamos los dones y bendiciones que Él ha venido a traernos y por los que ciertamente entregó hasta su propia sangre. Si Jesús es duro con sus palabras, no quiere decir que desprecie al ser humano que vive en la impureza, sino que Él mismo es pureza; Dios no es hipócrita, pide que vivamos lo que Él vive: "Sean santos como mi Padre celestial es Santo". Por ello las demás lecturas nos recalcan que la Palabra que Dios nos ha dado pertenece al ámbito de la vida. No podemos separar la vida de la palabra ni la palabra de la vida. Por ello los Israelitas han recibido la Palabra "para que puedan vivir y entren a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de sus padres les va a dar". Por eso una señal, la gran señal, de la religión pura es, en palabras del apóstol Santiago, "visitar a huérfanos y viudas en sus tribulaciones y en guardarse de este mundo corrompido".
Con aprecio
Servidor en Cristo
Pbro. Juan Manuel Nuño Camacho











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