sábado, 1 de marzo de 2014

Cantaremos en la Vigilia Pascual: ¡Cristo, Luz del Mundo! Domingo I, CUARESMA


1. Vamos a Recuperar Nuestro Bautismo
Este año leemos en las misas del domingo textos del Evangelio según san Mateo quien será nuestro maestro durante el recorrido de la Cuaresma, junto con Juan, como en todos los años. ¿Cuál es el tema que da unidad a esta Cuaresma? Sabemos que la conversión y la penitencia son parte esencial de la espiritualidad cuaresmal; sabemos también que el ayuno, la oración y la limosna son nuestras armas espirituales para este tiempo; sabemos en fin, que como todos los años, también ahora estamos avanzando hacia un punto: la pascua de Cristo. Y esto nos lleva a preguntarnos ¿cuál es la particularidad de esta Cuaresma en que Mateo y Juan nos van a enseñar tantas cosas? El énfasis de este año puede sintetizarse en la expresión: "un camino de luz;" o también diciendo: "vamos a recuperar nuestro bautismo." De lo que se va a tratar, en realidad, a lo largo de estas lecturas y en el conjunto de estos domingos, es de ese sacramento, el del bautismo, que en tiempos antiguos fue llamado precisamente "la iluminación." Se trata de un recorrido desde las tinieblas hacia la plenitud de claridad y gloria que vendrán con la Pascua del Señor Jesús.
2. Venciendo al Príncipe de las Tinieblas
Nuestro caminar parte desde la oscuridad: las lecturas de este primer domingo nos presentan el poder del príncipe de las tinieblas. En la primera lectura, del Génesis, y en el texto del evangelio aparece expresamente la acción seductora y perturbadora del enemigo malo, con una diferencia: en el texto del Génesis este enemigo logró lo que quería, es decir, engendrar desobediencia, sembrar orgullo y producir muerte, en el texto de san Mateo es él quien resulta vencido. Sus tentaciones fueron incapaces de confundir, doblegar o derrotar a Cristo. Al admitir que hay oscuridad y pecado; reconocemos que como seres humanos podemos caer y caemos, pero vemos también con alegría que hay uno que ha salido vencedor y en su victoria hay un germen de esperanza y también de victoria para nosotros.
Sem: Fernando Durán Muñoz

La ternura del amor de Dios.  

Domingo VIII, ORDINARIO 

1. Re-educar el cerebro
Nuestro cerebro está organizado para tomar lo grande como distante. La grandeza próxima la detectamos como peligro o amenaza. Por eso nos cuesta trabajo creer que Dios sí está cerca. Nuestra mente ha recibido esta información: que lo poderoso es rudo y lo débil es tierno. Nos cuesta demasiado admitir ternura en el fuerte. Las lecturas de este Domingo nos hablan de Dios como grande y a la vez cercano; fuerte y a la vez cargado de ternura.

2. Amor que no olvida
Isaías describe el amor de Dios con el lenguaje de la intensidad, cercanía y belleza del amor materno, quizás la expresión más paradigmática del amor en la raza humana. Sólo que Dios supera ese paradigma. El amor de Dios, como el de una buena madre, es amor que recuerda. Pero hay maneras de recordar: el que vive resentido o el que espera vengarse también recuerdan, pero su recordar espera la hora del mal. Dios recuerda su propia bondad y su propia misericordia, y el bien que ya ha florecido en nosotros, y desde este piadoso recuerdo busca nuestro bien.

3. Fiarse del amor
Si Dios está cerca; si nos recuerda con amor; si su poder es inextinguible, lo único lógico en la vida es confiar en Él. Esa fue la lógica de Cristo, y eso es lo que quiere resaltar el relato del Evangelio: "¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?".


Pbro. J. Manuel Nuño Camacho 

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