Domingo VIII
La Providencia de Dios
"¿Qué
comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué vestiremos?" Esto nos lo dice
Jesucristo en el Evangelio (Mt 6, 24-34) y son sin duda, unas de tantas
preocupaciones que tiene las personas
que muchas de las ocasiones nos llevan a desconfiar, olvidarnos de la Providencia
de Dios. Este es lo que Jesús nos invita, a tener una confianza plena en él,
pues él nos ama y quiere que seamos felices. Pero muchas veces el mundo como
nos lo dice el Papa Francisco en "Evangelii Gaudium" "El gran
riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una
tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda
enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada" (pg.3 nº
2). "Nadie puede servir a dos amos…ustedes no pueden servir a Dios y al
dinero" son palabras que deben cuestionarnos, sobre ¿qué o quién dirige
nuestra vida? ¿En quién tenemos puesta nuestra esperanza nuestra seguridad? En
las cosas materiales que son vanas, pasajeras o en Dios que nos dice
"Busquen el reino de Dios y hacer su voluntad y todo lo demás les vendrá
por añadidura".
Es tiempo que
nos demos cuenta del tesoro que llevamos dentro y de la maravilla de seguir y
servirle a nuestro Señor, pues siempre estamos presentes para él, como nos dice
el profeta Isaías "te llevo tatuado (a) en la palma de mi mano"
preocupémonos pues por agradarle en cada uno de los quehaceres de nuestra vida,
confiando más y más en él, que lo es Todo y con nuestro poco lo seamos TODO con
él.
Seminarista Fernando Durán Muñoz
Domingo VII
Sean perfectos:
sean santos
1.
Amar
y ser perfecto
En su origen, la palabra "perfecto" indica
aquello que está "completo," es decir, completamente hecho. ¿Y qué es
lo que "hace" humano al humano? Podría pensarse: la capacidad racional.
O tal vez: la tecnología. O la capacidad de coordinación y liderazgo. La
respuesta bíblica es distinta: sólo el amor completa nuestra ser y lo lleva a
plenitud. Por lo tanto, el mandato fundamental, tanto en el Antiguo como en el
Nuevo testamento es: amar, porque solo el amor conduce a la perfección al ser
humano.
2.
El amor hace caminar y hace camino
Una palabra tan importante en la vida humana ha sido
tratada y maltratada al extremo. Redimir la vida requiere redimir el amor, esto
es, llegar a comprenderlo y vivirlo en su plena altura y nivel. La referencia
es la misma en toda la Biblia: Dios. Él es la fuente y por consiguiente el
criterio de lo que significa amar. Su amar es santo y por eso el amor no puede
llegar a plenitud si no busca ser santo. En el Antiguo Testamento la santidad
se comprende ante todo como ponerle un límite al mal, y por ello el amor se
comprende como lenguaje y adhesivo dentro de la comunidad elegida, es decir,
Israel. El Nuevo testamento dará el paso decisivo: ser santo no es sólo limitar
el mal sino hacer avanzar al bien, y por eso Cristo lanza el amor a la última
potencia, sin excluir ni siquiera a los enemigos y a los que nos persiguen.
Así pues, el mandato de Jesús: "sean perfectos
como es perfecto vuestro Padre celestial" nos ha de mover a quitar esos
obstáculos que nos impiden amar y que nos llevan a la desidia en sobreponer a
Dios sobre todas las cosas.
Pbro. J. Manuel Nuño Camacho
Domingo VI
En las lecturas del Domingo 6º del
tiempo ordinario, escuchamos como Dios en el libro del Eclesiástico, nos da la
oportunidad de vivir en plena libertad, es decir, nosotros somos capaces de
vivir de una manera en lo bueno, que es la voluntad de Dios, que tengamos vida
y la tengamos en abundancia, o también, vivir según nuestra propia voluntad,
nuestros propios intereses que muchas de las veces nos conducen a un egoísmo y
un libertinaje. Por eso San Pablo en la carta a los Corintios nos habla de una
manera muy clara, el actuar con sabiduría, según el Espíritu, pues solo él, si
nos disponemos con un corazón sincero y transparente, descubriremos cual es la
voluntad de Dios, pues gozamos de esta presencia ya que como también nos lo
dice en la carta a los Romanos "somos templos del Espíritu Santo".
Por tanto, tengamos una plena certeza de que movidos por él, como nos lo
recuerda el salmo, encontraremos la dicha de caminar en la voluntad del Señor,
que quizá no deja de ser un camino cómodo, un camino estrecho, pero vale la
pena pues nos conduce a una verdadera libertad y felicidad plena.
El evangelio es Cristo mismo que nos
da a conocer que no viene a abolir nuestra vida, proyectos, no, viene a darle
plenitud, si le permitimos que él sea el centro de nuestra vida misma. No nos
cansemos de pedirle a nuestro Señor que nos conceda la gracia de agradarle con
cada una de nuestras acciones, en nuestros trabajos, familia y nuestros
proyectos.
Seminarista Fernando Durán Muñoz
Domingo V
¿Qué significa
ser luz del mundo?
Por ello en la primera lectura Dios
nos dice: "Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo,
viste al que va desnudo, y no te desentiendas de tu semejantes. Entonces
brillará tu luz como la aurora." Entendemos de estos textos lo ya dicho:
las obras de inexplicable generosidad que marcan la vida del creyente son las
señales de un amor que va más allá de la conveniencia, y por tanto, las señales
que vencen la oscuridad del mundo, como lo hizo la madre Teresa de Calcuta: ser
luz para el mundo, luz donde nadie quiere brillar. Que a base de buenas obras,
que parten de lo profundo a lo externo, brillemos como la luna, no con luz
propia, sino con la luz que es Cristo.
Pbro. J. Manuel Nuño Camacho




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