DESENMASCARAR LA
INSENSATEZ
Evangelio: Lucas
12, 13-21.
El
protagonista de la pequeña parábola del "rico insensato" es un
terrateniente como aquellos que conoció Jesús en Galilea. Hombres poderosos que
explotaban sin piedad a los campesinos, pensando sólo en aumentar su bienestar.
La gente los temía y envidiaba: sin duda eran los más afortunados. Para Jesús,
son los más insensatos.
Sorprendido
por una cosecha que desborda sus expectativas, el rico propietario se ve obligado
a reflexionar: "¿Qué haré?". Habla consigo mismo. En su horizonte no
aparece nadie más. No parece tener esposa, hijos, amigos ni vecinos. Sólo le
preocupa su bienestar y su riqueza: mi cosecha, mis graneros, mis bienes, mi vida...
El
rico no se da cuenta de que vive encerrado en sí mismo, prisionero de una
lógica que lo deshumaniza vaciándolo de toda dignidad. Sólo vive para acumular,
almacenar y aumentar su bienestar material: De pronto, de manera inesperada,
Jesús le hace intervenir al mismo Dios. Su grito interrumpe los sueños e
ilusiones del rico: "Necio, esta noche te van a exigir la vida.
Lo
que has acumulado, ¿de quién será?". Ésta es la sentencia de Dios: la vida
de este rico es un fracaso y una insensatez.
Agranda
sus graneros, pero no sabe ensanchar el horizonte de su vida. Acrecienta su
riqueza, pero empequeñece y empobrece su vida.
Acumula
bienes, pero no conoce la amistad, el amor generoso, la alegría ni la
solidaridad. No sabe dar ni compartir, sólo acaparar. ¿Qué hay de humano en
esta vida?
LOS NECESITAMOS
MÁS QUE NUNCA
Evangelio Lucas
12, 32-48.
En
los evangelios encontramos diversas exhortaciones, parábolas y llamadas que
sólo tienen un objetivo: mantener viva la responsabilidad de las comunidades
cristianas. Una de las llamadas más conocidas dice así: "Tened ceñida la
cintura y encendidas las lámparas". ¿Qué sentido pueden tener estas palabras
para nosotros, después de veinte siglos de cristianismo?
Las
dos imágenes son muy expresivas. Indican la actitud que han de tener los
criados que están esperando de noche a que regrese su señor, para abrirle el
portón de la casa en cuanto llame. Han de estar con "la cintura
ceñida", es decir, con la túnica arremangada para poder moverse y actuar
con agilidad. Han de estar con "las lámparas encendidas" para tener
la casa iluminada y mantenerse despiertos.
Estas
palabras de Jesús son también hoy una llamada a vivir con lucidez y
responsabilidad, sin caer en la pasividad o el letargo. En la historia de la
Iglesia hay momentos en que se hace de noche. Sin embargo, no es la hora de
apagar las luces y echarnos a dormir. Es la hora de reaccionar, despertar
nuestra fe y seguir caminando hacia el futuro, incluso en una Iglesia vieja y
cansada.
Sr. Cura Rafael Ramírez Lamas


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