Apostolado de la Oración
“Un servicio a la Iglesia desde el Corazón de Cristo.”
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¿QUÉ ES EL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN?
El Apostolado de la Oración es la unión de los fieles con Jesucristo en la Eucaristía, para colaborar con Él mediante la oración y la entrega diaria de sí mismos y de la vida cotidiana de cada uno, en la edificación de la Iglesia y salvación de todos los hombres.
¿CÓMO Y DÓNDE NACE EL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN?
El Apostolado de la oración nació en un seminario, en un pueblo del sur de Francia, llamado Vals en un tiempo en que la mayor parte de los Seminaristas y religiosos, soñaban con ser misioneros. Fue un periodo misionero en la Iglesia cuyos frutos, de hecho, la Iglesia todavía hoy está disfrutando.
Actividad misionera y actividad apostólica eran una misma cosa; la actividad apostólica era más amplia en cuanto a actividades asociadas con la propagación del mensaje de Cristo, mientras que la palabra misionero significaba ir lejos, ir a otro país, a otra tierra, otra gente, otra cultura y hablarles de Jesucristo. Este fuego inflamaba a muchos jóvenes: incluso los seglares lamentaban no poder ser misioneros y, por tanto, rezaban por los misioneros. La única manera en la que podían estar asociados con las misiones era rezar por las misiones. Estos jóvenes, estudiantes en el Seminario de Vals, tan entusiasmados por ir a Misiones, en la creencia de que, entre más preparados estuvieran, en cuanto al conocimiento de la India, -lugar a donde los Jesuitas de la Provincia de Toulouse recientemente iban a evangelizar- tendrían más posibilidades de ser enviados, acudían a la biblioteca a estudiar todo, todo, sobre ese país, descuidando sus estudios de teología y filosofía. Esto era muy preocupante para catedráticos y profesores. Tanto es así que su Padre Espiritual, el P. Francisco Javier Gautrelet, la víspera de la fiesta de San Francisco Javier, 2 de diciembre de 1844, les exhortó a volver al estudio de la filosofía y la teología. Lo expresó sin rodeos: "¡Vuestra misión no es la India, vuestra misión es el aula a la que vais a ir esta tarde! Vuestra misión es la filosofía y la teología. Vuestra misión es PREPARAROS para ser enviados. La peor preparación para ser misionero es hacer vuestra voluntad y no la voluntad de Dios. ¡Si quieres ser misionero, sé misionero hoy! ¡Sé misionero en este seminario! ¡Sé misionero haciendo la voluntad de Dios HOY!"
Entonces el P. Gautrelet continuó: Os haré una sugerencia práctica en cuanto a lo que podríais hacer para convertiros en misioneros hoy un poco más claramente y aseguraros de que sois misioneros auténticos hoy. Cuando os levantáis por la mañana, ofrecéis el día a Dios. Añadid una oración más a las oraciones de la mañana. Que vuestra primera oración sea, "Dios mío, te doy este día; Tú me lo diste, yo lo devuelvo. Tú me has dado todo lo que soy y todo lo que tengo. Me has dado mi mente, mi cuerpo, mi tiempo, mi energía, mi salud, mis amigos, mi familia, mi fe, todo. Y lo quiero devolver. Deseo devolver amor por amor, todo lo que soy y tengo. Tú me los has dado por amor y yo deseo devolverlo por amor. Deseo usarlo como te gustaría que yo lo usase. De modo que aquí está, Señor. Hasta cierto punto, el programa ya está hecho: mi horario de estudio, mi horario de trabajo, mi horario de recreo. Simplemente anhelo hacer tu voluntad en cada una de estas actividades, con cada persona que entra en mi existencia, con cualquier persona en cuya existencia entro yo hoy durante estas actividades. ¡Quiero ser instrumento de tu paz y tu amor y tu justicia y tu fe, tu verdad, tu vida!"
Los Escolares Jesuitas jóvenes empezaron a hacer este ofrecimiento de la mañana. En está oración descubrieron que realmente se estaban centrando en hacer la voluntad de Dios, más bien que su propia voluntad, en las cosas pequeñas que hacían durante el día.
Se dieron cuenta de que la Eucaristía empezaba a ser más valiosa. La Misa empezaba cuando se levantaban por la mañana y hacían este ofrecimiento, "Señor, te doy este día para que hagas con él lo que Tú quieras." Jesús vivía en el corazón de cada uno de ellos, y ellos comenzaban a darse cuenta de que el corazón de cada uno era una capilla, donde Jesucristo celebraba continuamente la Eucaristía y su sacrificio en el Calvario, con plena colaboración de cada uno de ellos cada mañana.
El mensaje que los seminaristas anunciaban a las gentes era un mensaje sencillo: Sois personas muy valiosas para Dios, precisamente tal como sois. Nadie es tan pobre, nadie tan viejo, nadie tan enfermo que no pueda ofrecer su vida al Señor.
La gente que se embarcaba en el Apostolado de la Oración, se convertían en misioneros de la oración, misioneros de la Eucaristía, misioneros de la dimensión apostólica de la oración en la labor de reconstruir el Reino de Dios.
Cuando el segundo fundador Ramière llevó este programa a Roma para obtener las bendiciones de los Papas, estos ansiaban aprobarlo. Los Papas decían: "Este es el camino para hacerse santo. Quien comienza el día con un ofrecimiento auténtico de su vida a Cristo o al Padre para la construcción del Reino y entonces vive ese ofrecimiento y lleva ese ofrecimiento a la Eucaristía, de modo que Cristo mismo lo asume y lo une como parte del suyo propio, esta persona está en el camino de la santidad"
OFRECIMIENTO DIARIO DE NUESTRAS OBRAS, ORACIONES, SUFRIMIENTOS Y ALEGRIAS.
"Que los que se inscriban en vuestra Asociación sean conscientes, al mismo tiempo, del valor santificador y apostólico de su trabajo cotidiano entendido como colaboración a la obra de Dios, Creador y Redentor, y de sus sufrimientos, con los cuales están llamados a completar en su carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo."
Juan Pablo II
Ofrecemos, cada mañana al despertar, nuestra vida y obras, uniéndonos a Jesucristo que continuamente se ofrece en la Sagrada Eucaristía. (Con nuestras propias palabras o con una oración compuesta para este fin). Pedimos por la Iglesia y por el mundo y en especial por las DOS INTENCIONES (Misional y General), que propone cada mes el Papa al Apostolado.
ORACIÓN DE OFRECIMIENTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Divino Corazón de Jesús, por medio del Corazón Inmaculado de María, yo me consagro a Tí y contigo me ofrezco a Dios Padre, Todopoderoso, por el Espíritu Santo, en tu Santo Sacrificio del Altar, con todas mis obras y oraciones, sufrimientos y alegrías de este día, en reparación de mis pecados y los pecados que se cometen en el mundo entero, por la conversión de nosotros, pecadores, y para que venga a nosotros tu Reino. Te ofrezco todo esto en especial por las necesidades del Papa Francisco y las dos intenciones que propone para este mes al Apostolado de la Oración. Elevo a Tí, Padre Misericordioso, una plegaria especial por las intenciones y necesidades del Papa Benedicto XVI, emérito; por la santificación de todos los Sacerdotes; por las almas del purgatorio, por quien Dios Padre quiera favorecer; por las intenciones de la Santísima Virgen María y por la paz y la unidad en el mundo y en nuestras familias; y por todos los enfermos de cuerpo y espíritu. Amén.
PROGRAMA DE VIDA ESPIRITUAL DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN.
Es un programa espiritual muy completo que contiene cinco elementos que nos ayudan a vivir como consagrado a Cristo por el Bautismo y ungido por el Espíritu Santo mediante la Confirmación.
1.- El Sacrificio de la Misa y la Ofrenda Diaria. Vida Eucarística, es decir, Misa y comunión frecuentes, sobre todo con la participación en la Misa los domingos y, también en especial los viernes primeros; visitas y adoración al Santísimo.
2.- El culto al Sagrado Corazón. Devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que con su inmenso amor da vida a toda la Iglesia. Todo lo que soy y lo que tengo ofrecido a Él, en reparación y desagravio y para que venga a nosotros Su Reino.
3.- Devoción a la Santísima Virgen María. Devoción a la Santísima Virgen María, en especial a su Inmaculado Corazón, la cual, íntimamente unida a su Hijo, es Madre de toda la Iglesia. Demuestro mi amor hacia ella ofreciendo, cada día, el Santo Rosario.
4.- Sentir con la Iglesia. Amor a la Iglesia, al Papa muy especialmente, al Obispo, al Párroco, a todos sus miembros. Hago ofrecimientos por las necesidades de la Iglesia, e intenciones que propone para cada mes el Papa Benedicto XVI.
5.- Asiduidad en la oración. Vida de oración y servicio, es decir, de trato con Dios y ayuda al prójimo por amor. Cada día tengo un encuentro con Dios en la oración a través de Su Palabra.
EN NUESTRA PARROQUIA, QUÉ HACEMOS DURANTE EL MES Y ¿CUÁNDO NOS REUNIMOS?
Como Socios del Apostolado de la Oración hemos adquirido un Compromiso, por Amor a Cristo y a su Iglesia. Somos conscientes de que estamos dando un servicio a la Iglesia desde el corazón de Cristo, cumpliendo con el Programa de Espiritualidad (Misa y comunión diaria; especial devoción al Corazón Eucarístico de Jesús, visitándolo con frecuencia y, en lo posible, asistir todos los Jueves a la Hora Santa; entre otras devociones Marianas, rezar diariamente el Santo Rosario, para honrar a la Santísima Virgen María; cada mañana, hacer el Ofrecimiento de nuestras obras oraciones, sufrimientos y alegrías, por la Iglesia y las intenciones y necesidades del Santo Padre; dedicar un tiempo a la Oración Personal, practicando la Lectio Divina [leo, medito, oro y contemplo la Palabra de Dios)
Nos reunimos todos los Viernes Primero de mes, de 17:00 a 20:00 horas, con el fin de sostener y alimentar la vida espiritual de cada uno en la comunidad y reavivar su celo apostólico.
JUNTA FORMATIVA (17:00 a 18:00 hrs.)
De cinco a seis de la tarde tenemos nuestra junta formativa. Al entrar, los Socios anotan su asistencia y reciben un Tríptico formativo e informativo y la Hoja mensual que contiene las Intenciones del Papa Francisco. Se inicia con la Oración, una Decena del Santo Rosario, por las necesidades más urgentes; se dan los avisos de las actividades próximas; algunas veces se dan testimonios, se comisiona a las personas que, en la Santa Misa, llevarán el Estandarte, se harán cargo de Proclamar la Palabra, de llevar las ofrendas, etc.; posteriormente escuchamos a nuestro Director Espiritual, el Sr. Cura o Catequista que nos ayudará a reflexionar y a crecer espiritualmente con el tema impartido; concluimos la Junta dando gracias a Dios.
HORA APOSTOLICA (18:00 a 19:00 hrs.)
En el Templo, con el Santísimo expuesto, hacemos una Hora Apostólica, en la que oramos, por las necesidades de la Iglesia y para desagraviar el Sagrado Corazón de Jesús, tan herido por nuestros pecados, indiferencias y omisiones. Finalizamos la Hora Santa haciendo procesión con el Santísimo en el Atrio del Templo.
SANTA MISA (19:00 hrs.)
En la Santa Misa nos acercamos, -en estado de gracia- a recibir a Jesús Sacramentado, bajo las Dos Especies. Ofrecemos la Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento; con la intención de honrar, reparar y desagraviar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
EL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN TIENE UNA ESPECIAL DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.
“Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres y en cambio, no recibe de la mayoría más que ingratitudes, por sus faltas de respeto, sacrilegios y pecados. Al menos ámame tú…” (27 de Diciembre de 1673)
“Todas las noches de jueves a viernes, te haré partícipe de la tristeza mortal que tuve a bien sentir en el Huerto de los Olivos. Esta tristeza te reducirá, sin poder tú comprenderlo, a una especie de agonía más dura de soportar que la muerte. A fin de acompañarme en la humilde oración que hice entonces a mi Padre en medio de todas mis angustias, te levantarás entre once y doce de la noche para postrarte conmigo durante una hora, con el rostro en tierra, ya para calmar la cólera divina[1], pidiendo misericordia por los pecadores, ya para dulcificar de algún modo la amargura que sentí en el abandono de mis apóstoles, la cual me obligó a echarles en cara que no habían podido velar una hora conmigo; y durante esta hora harás lo que te enseñe.” (Santa Margarita María Alacoque, Autobiografía n° 57).
Jesús, para manifestar su corazón, e incendiar al mundo entero de amor, eligió una humilde Religiosa de la Visitación de Paray-le-Monial, ciudad francesa. Margarita María Alacoque. (22 de Julio de 1647 – 17 de Octubre de 1690)
A partir del 27 de diciembre de 1673, durante 18 meses el Corazón de Jesús se le fue apareciendo. La consagró su apóstol, llamándola a difundir y propagar el culto a su adorable Corazón; a manifestar a los hombres su voluntad; y hacerles conocer lo que el Sacratísimo Corazón de Jesús promete a quien hace conocer y propaga su culto. Le pidió que se celebrara la Fiesta del Sagrado Corazón, cada año, el viernes de la semana siguiente a la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus).
En sus apariciones a Margarita María, Jesús manifestó las inexplicables maravillas de su amor y el exceso a que, su Corazón, lo había llevado hacia los hombres, de los que no recibía más que abandono y ultrajes. Después añadió: “El abandono en el cual me dejan me es mucho más doloroso de lo que sufrí en mi pasión, … los hombres no tienen más que frialdades y repulsas por todas mis solicitudes. Tú a lo menos dame este consuelo, de suplir cuanto puedas a su ingratitud”.
El 16 de junio de 1675, en la octava de Corpus Christi, se apareció resplandeciente como las demás veces, y mostrándole su Corazón, se quejó de los continuos ultrajes y sacrilegios que recibe en el Sacramento de amor; y agregó con más dolor, que los recibía de corazones a Él consagrados.
Nuestro Señor le decía: "No hagas nada sin permiso de la superiora. El demonio no tiene poder contra las que son obedientes".
Jesús le confió la misión de hacer conocer y amar su adorable Corazón y hacer establecer en la Iglesia una fiesta especial de reparación. “Es esto lo que yo te pido: que el primer viernes después de la octava de Corpus Christi, sea dedicada una fiesta particular para honrar a mi Corazón, participando en aquel día en la Santa Comunión y haciéndola con digna reparación por los indignos tratamientos que recibe en el Santo Altar. Y Yo te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir con abundancia las riquezas de su Amor sobre todos los que rendirán dicho honor y procurarán que otros hagan los mismo”.
Jesús dijo a la Santa: “Anuncia y haz saber al mundo entero que yo no pondré límites a mis beneficios cuando éstos me serán solicitados por mi Corazón”.
"Si quieres agradarme confía en Mí. Si quieres agradarme más, confía más. Si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente en Mí".
Santa Margarita María, antes de morir, obtuvo que en su comunidad se celebrara por primera vez la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Partió de este mundo llena de alegría, porque podía ir a estar para siempre en el cielo al lado de su amadísimo Señor Jesús.
Las Doce Promesas del Sagrado Corazón
1 Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.
2 Les daré paz a sus familias.
3 Las consolaré en todas sus penas.
4 Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte.
5 Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.
6 Los pecadores encontrarán en mi Corazón un océano de misericordia.
7 Las almas tibias se volverán fervorosas.
8 Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección.
9 Bendeciré las casas donde mi imagen sea expuesta y venerada.
10 Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones más endurecidos.
11 Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.
12 Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: No morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento.
Santa Margarita María escribió: “Si se entendiese cómo Jesucristo desea que se propague esta devoción, todos los cristianos, por muy poco piadosos que fuesen, la practicarían. Puesto que inmensos son los tesoros que el Sagrado Corazón derrama sobre aquellos que se ocupan en hacer conocer esta devoción. Yo no conozco ejercicio de devoción más apto para elevar en breve tiempo a un alma a la más alta perfección que el culto del Sagrado Corazón. Dulce será morir después de haber practicado una tierna y constante devoción al Sagrado Corazón.”
Los verdaderos devotos del Sagrado Corazón de Jesús: Le aman profundamente, le honran y trabajan arduamente para glorificarle, ensalzarle y darle a conocer al mundo entero, teniendo expuesta su Imagen, practicando los Viernes Primeros y reparando, -por los propios pecados y los del mundo entero- ofreciendo cada día de su vida, obras y oraciones, sufrimientos y alegrías.
Para conseguir el fin de la Gran Promesa es necesario:
1) Hacer nueve Comuniones, y para quien está seguro de hallarse en estado de gracia, no son necesarias nueve Confesiones, pero sólo nueve Comuniones bien hechas. Quien hiciere o hubiese hecho solamente cierto número de Comuniones no podría alcanzar el fin.
2) En los primeros viernes del mes. No se puede diferir para otro día de la semana, por ejemplo el domingo o en otro viernes que no sea el primer viernes del mes. Ninguna condición nos puede dispensar de esto. No el olvido, no la imposibilidad de confesarnos; no porque impedidos por la enfermedad u otra causa. Ni el mismo Confesor puede cambiar el día o permitir su interrupción, porque la Iglesia no ha concedido esta facultad a nadie.
3) De hacerse por nueve meses consecutivos, y quien la dejara por tan solo un mes, no estaría en regla; y si la hubiese dejado aún involuntariamente debería empezar nuevamente.
Aunque teólogos autoritarios digan que tratándose de causa realmente grave, se pueda considerar la interrupción como si no hubiera sucedido, nosotros decimos que quien ama verdaderamente al Corazón de Jesús y quiere asegurarse su suerte eterna, cumple generosamente lo que el Divino Maestro pide, sin ir en busca de muchas dispensas.
4) Con las debidas disposiciones. Aquí el Catecismo nos dice que para hacer una buena Comunión son necesarias tres cosas: 1ª, estar en gracia de Dios; 2ª, estar en ayunas desde una hora antes de comulgar; 3ª, saber lo que se va a recibir y acercarse a comulgar con devoción, y añade que: quien recibe un Sacramento de los vivos sabiendo de no estar en gracia de Dios, comete pecado gravísimo de sacrilegio, porque recibe indignamente una cosa sagrada. Pues la Comunión sacrílega antes bien que honrar, desprecia al Corazón de Jesucristo; y no consigue, con toda seguridad, el fin. Puesto que no sea necesario un fervor extraordinario, precisa que las Comuniones honren al Divino Corazón, o sea que sean hechas en gracia de Dios.
Otra disposición es la intención de reparar al Corazón de Jesucristo por las continuas injurias que recibe en el Santísimo Sacramento de amor y de conseguir el fruto de la Gran Promesa.
PODEMOS DECIR QUE EL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN
· propone un camino hacia la santidad
· a partir del ofrecimiento diario
· que transforma nuestra vida
· y que nos une en comunión universal de oración
· por la fuerza del Espíritu que habita en nuestros corazones
· y nos hace desear tener los mismos sentimientos que tuvo el Corazón de Cristo
· para que, alimentados y modelados por él en la Eucaristía
· y reconciliados con él mediante el sacramento de la Reconciliación
· podamos ponernos plenamente y de todo corazón a su disposición y a disposición de su Iglesia, a ejemplo de María, para que venga su Reino.”
Peter-Hans Kolvenbach, SJ, Director General del Apostolado de la Oración. Roma, 8 de Junio de 2003, Solemnidad de Pentecostés
Sigamos adelante con nuestro Apostolado, ofreciendo, nuestra vida, obras y oraciones en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero, por la conversión de los pecadores y para que venga a nosotros Su Reino. Recordando el mensaje de la Santísima Virgen María en Fátima, en su cuarta aparición, en Agosto de 1917: "Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Tienen que recordar que muchas almas se condenan porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas".
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Los Trípticos y demás información que mes con mes se entregan a los socios del Apostolado de la Oración en nuestra Parroquia, puedes leerlos en la siguiente liga:







Visítenos, los invitamos a pertenecer al Apostolado de la Oración.
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